Muere Jane Goodall: la mujer que nos enseñó que los chimpancés también somos nosotros
Murió Jane Goodall a los 91 años, pero su legado sigue vivo. La primatóloga británica que cambió la forma en que entendemos a los animales (y a nosotros mismos) dejó este mundo desde California, en medio de una gira de conferencias. Y sí, hasta el último día estuvo haciendo lo que más amaba: contar historias para salvar al planeta.
La noticia sacudió redes sociales, comunidades científicas y corazones alrededor del globo. No hablamos de una científica cualquiera, hablamos de alguien que derribó prejuicios académicos, abrazó chimpancés como familia y logró que el mundo entero viera a los animales no como “cosas” sino como seres con emociones, personalidad y derechos.
La chica que soñaba con Tarzán y terminó en África
Jane nació en Londres en 1934. Desde niña estaba convencida de que África sería su destino. No era un capricho infantil, era una obsesión: con apenas 4 años se escondió horas en un gallinero para descubrir cómo nacía un huevo. Su madre, lejos de regañarla (aunque casi llama a la policía), entendió que había una curiosidad que valía la pena alimentar.
Leía compulsivamente a Dr. Dolittle y a Tarzán, y a los 10 años ya anunciaba a todo el mundo que quería vivir entre animales salvajes. Muchos se rieron, porque en plena Segunda Guerra Mundial “las niñas no hacían eso”. Pero ella no se rindió.
Ese carácter la llevaría a los 23 años a Kenia, donde conoció al célebre antropólogo Louis Leakey, quien decidió enviarla a un sitio remoto de Tanzania: el Parque Nacional Gombe. La misión era clara: observar a los chimpancés y, quizás, encontrar pistas de lo que éramos los humanos en nuestros orígenes.
El momento en que redefinimos qué significa ser humano
En 1960, Jane llegó a Gombe con apenas 26 años, cero títulos universitarios y su madre como acompañante (porque el gobierno colonial británico no confiaba en dejar sola a una joven en la selva).
Lo que descubrió allí reventó todas las teorías de la época:
- Los chimpancés fabricaban y usaban herramientas.
- Comían carne: cazaban y compartían presas.
- Tenían rituales sociales: abrazos, cosquillas, besos, alianzas.
- Y sí, también podían ser violentos y crueles.
La escena más famosa fue cuando observó a un chimpancé, David Greybeard, usar una rama pelada para sacar termitas de un nido y comérselas. Ese día, la ciencia entendió que las herramientas no eran “exclusivas” de los humanos.
“Ahora debemos redefinir herramienta, redefinir ser humano o aceptar que los chimpancés son humanos”. — Louis Leakey
Goodall no solo documentó estos hallazgos, sino que se atrevió a darles nombres a los chimpancés (en lugar de números, como imponía la ciencia). ¿El resultado? La acusaron de poco profesional, de ser “demasiado sentimental”. Hoy, esa “sentimentalidad” se reconoce como un cambio de paradigma: la ciencia con empatía.
La foto que cambió todo
Entre los recuerdos más icónicos está la imagen tomada por su esposo, el fotógrafo Hugo van Lawick: Jane extendiendo la mano hacia Flint, un bebé chimpancé que nacía en Gombe. La foto recordaba a “La creación de Adán” de Miguel Ángel, pero esta vez entre humano y primate.
Goodall decía que esa imagen probaba que no estábamos separados del resto del reino animal, sino profundamente conectados. Y sí, tenía razón: hoy sabemos que compartimos el 98,6% de ADN con los chimpancés.
De científica a rockstar de la conservación
En los 80, Jane dio un giro. Después de décadas en la selva, decidió que su papel no solo era estudiar, sino defender el planeta.
Fundó el Instituto Jane Goodall, escribió libros best seller, recorrió el mundo dando charlas y hasta creó el programa juvenil Roots & Shoots, que hoy está presente en más de 60 países.
“Si la conservación tuviera estrellas de rock, Jane sería Mick Jagger, Bob Dylan, John Lennon y Elvis, todo en una sola persona”.
Siempre la acompañaba un pequeño mono de peluche llamado Mr. H, regalo de un marine estadounidense ciego. Lo llevó a más de 60 países como símbolo de resiliencia y esperanza.
Reconocimientos y huella global
La lista de premios que recibió parece interminable:
- Comandante de la Orden del Imperio Británico.
- Premio Príncipe de Asturias en 2003.
- Premio Internacional de Catalunya en 2015.
- Medalla Stephen Hawking a la comunicación científica en 2022.
- Premio Templeton en 2021, por inspirar valores espirituales en la ciencia.
Fue también Embajadora de Paz de la ONU, título que la convirtió en una de las voces más potentes en defensa de la biodiversidad.
Su figura trascendió lo académico: inspiró documentales como Jane (National Geographic), libros infantiles, cómics, series de TV y hasta una producción en Apple TV llamada “Jane”, donde una niña vive aventuras junto a un chimpancé.
La activista que nunca se cansó
A los 80 años seguía viajando 300 días al año para dar charlas, reunirse con líderes mundiales y visitar proyectos de conservación. Solo la pandemia la detuvo… un poco. Desde su casa siguió con charlas virtuales sobre cambio climático, pandemias y esperanza.
“¿No es extraño que las criaturas más intelectuales que jamás caminaron por la Tierra estén destruyendo su único hogar?” — Jane Goodall
Jane Goodall en América Latina
Su mensaje también resonó en nuestra región. En conferencias en países como Argentina, Chile y México, inspiró a miles de jóvenes a sumarse a Roots & Shoots.
En una charla en Burundi, un niño le preguntó: “Si recojo un pedazo de basura cada día, ¿hará alguna diferencia?”
Jane respondió: “Sí, y si convences a 10 amigos de hacerlo, y cada uno convence a 10 más, cambiarán el mundo”.
Ese era su verdadero superpoder: transformar la esperanza en acción.
Reflexión final
Jane Goodall no solo fue una científica brillante, sino una mujer que rompió barreras de género, académicas y culturales. Su vida nos recuerda que la curiosidad infantil puede cambiar la historia, que la empatía no está peleada con la ciencia y que aún estamos a tiempo de salvar al planeta si actuamos con amor y convicción.
Se fue a los 91 años, pero dejó una huella imborrable. Ahora la pregunta es: ¿Qué vamos a hacer nosotros con el mundo que tanto defendió?



