María Corina “golpista”: el error que podría costarle la presidencia a Jeannette Jara
En plena recta final de la campaña presidencial en Chile, una sola frase de Jeannette Jara logró algo inesperado: unir la política chilena, la crisis venezolana y el Premio Nobel de la Paz en un mismo terremoto mediático. Pero más allá de la polémica, este episodio destapó un tema más profundo: ¿Hasta dónde puede llegar la ideología cuando se interpone frente a hechos históricos y luchas democráticas innegables?
El momento del error
Durante el debate presidencial de Anatel, Jara fue consultada sobre la situación en Venezuela. Su respuesta, breve pero devastadora, incluyó el calificativo:
“María Corina Machado ha tenido ciertos intentos golpistas…”
Con esa frase, Jara replicó —consciente o no— el mismo lenguaje utilizado durante años por Hugo Chávez y Nicolás Maduro para desacreditar a una mujer que ha enfrentado represión, persecución, prisión simbólica, inhabilitaciones, exilio y censura.
Y todo esto un día después de que Machado ganara el Premio Nobel de la Paz 2025, reconocimiento global a su lucha pacífica por la democracia en Venezuela.
El problema no es solo lo dicho… sino lo que revela
Jara justificó su comentario asegurando que no conoce a Machado, “solo lo que llega por la televisión”. Pero esa afirmación abrió un vacío aún más profundo:
¿Puede una candidata presidencial no estar informada sobre una de las figuras políticas más relevantes de Latinoamérica en la última década?
Porque hablar de Machado no es hablar de rumores:
— Es hablar de millones de venezolanos desplazados.
— Es hablar de crímenes de lesa humanidad señalados por la ONU.
— Es hablar de una oposición perseguida, torturada y dividida.
— Es hablar de la dictadura venezolana, reconocida como tal por la mayoría de gobiernos del mundo.
Y en medio de todo ese contexto, la premiada por su lucha por la democracia fue llamada “golpista” en televisión nacional por quien aspira a liderar Chile.
El impacto político: un error que pesa
El desliz no solo generó rechazo en redes.
No solo incomodó a los moderados del propio oficialismo.
No solo dio munición directa al comando de Kast.
El problema es más profundo: Puso en duda el criterio y el entendimiento internacional de Jara en un mundo donde la política ya no existe dentro de fronteras.
En una elección cerrada, donde la confianza es oro, este tipo de errores no son simbólicos: son estratégicamente devastadores.
¿Ideología por encima de la realidad?
Esta es la pregunta que quedó flotando entre ciudadanos, analistas y votantes indecisos:
¿Hasta dónde una ideología puede nublar hechos tan claros como la represión venezolana?
¿Hasta qué punto se puede ignorar la lucha de otros solo porque no pertenecen a tu lado político?
¿Puede un candidato justificar o suavizar una dictadura solo por cercanía ideológica?
Llamar golpista a quien lucha por elecciones libres en un país donde hace años no existen elecciones limpias… no es solo un error semántico. Es un descuido moral, un desconocimiento histórico y un riesgo político.
Una campaña donde cada palabra cuenta
En tiempos donde las redes amplifican todo y la ciudadanía exige coherencia, un comentario mal formulado puede cambiar un clima electoral. Y en este caso, el error de Jara no cayó en cualquier momento: cayó cuando la figura que mencionó había sido celebrada globalmente como un símbolo de paz, democracia y resistencia.
La pregunta queda abierta:
¿Fue un lapsus… o fue sinceridad ideológica?
Y es justamente esa duda la que podría costarle votos claves en una segunda vuelta que se decide voto a voto.



