El espejismo de la oposición venezolana
Entre la doble moral y la colaboración silenciosa con el poder
En la Venezuela actual, resulta cada vez más evidente la doble intención de ciertos actores políticos que, bajo el disfraz de la oposición, terminan sirviendo a los intereses del mismo régimen que dicen enfrentar.
Henrique Capriles Radonski es un ejemplo emblemático de esa ambigüedad calculada: sus recientes posturas, desde la participación en elecciones sin garantías hasta la defensa velada de Nicolás Maduro frente a críticas internacionales, parecen más orientadas a mantener cuotas personales de poder que a promover un cambio real.
No se trata solo de Capriles. La llamada “oposición institucional” se ha convertido, en muchos casos, en una extensión funcional del chavismo. Líderes como Henry Ramos Allup o Manuel Rosales han optado por el diálogo permanente y la participación en procesos electorales diseñados para legitimar al régimen, presentando sus maniobras como estrategias democráticas cuando en realidad perpetúan la farsa. Esa colaboración tácita fortalece al poder mientras debilita la esperanza de millones de venezolanos que aún creen en la posibilidad de una transición auténtica.
Más triste aún es ver cómo parte del país, agotado y desesperado por soluciones inmediatas, sigue cayendo en el engaño de una oposición domesticada. Los mismos que durante años denunciaron el autoritarismo hoy se benefician del sistema que juraron combatir. En nombre del pragmatismo, han transformado la política venezolana en un escenario de supervivencia personal más que de lucha por la libertad.
El caso Capriles: pragmatismo o colaboración
Henrique Capriles Radonski enfrenta fuertes críticas de sectores opositores por declaraciones y acciones vistas como alineadas con el régimen de Nicolás Maduro, como negar vínculos directos entre el gobierno y el Tren de Aragua, abogar por el levantamiento de sanciones y participar en elecciones legislativas de 2025 sin garantías. Estos opositores lo etiquetan como “oposición leal” o infiltrado, argumentando que su habilitación repentina fue una estrategia chavista para dividir la unidad antichavista. Capriles responde defendiendo un enfoque pragmático de participación electoral y negociación gradual, rechazando la abstención y las intervenciones externas.
Negación de vínculos con el Tren de Aragua
El punto de quiebre llegó cuando Capriles calificó de “ciencia ficción” la idea de que Nicolás Maduro controle el Tren de Aragua, contradiciendo acusaciones del gobierno de Estados Unidos y de líderes opositores como María Corina Machado. Sus declaraciones fueron interpretadas como una defensa directa del régimen, alineándose con las narrativas oficiales que intentan desligar al Estado de la megabanda criminal. Primero Justicia —su antiguo partido— lo expulsó, argumentando que su discurso favorece la agenda chavista más que la causa democrática.
Postura sobre sanciones e intervenciones
Capriles ha sostenido que las sanciones “no han servido de nada” y que solo agravan la crisis económica. Argumenta que deben levantarse para recuperar la industria petrolera y aliviar la situación social del país. En entrevistas con BBC y El País, se ha mostrado contrario a las intervenciones extranjeras, e incluso ha promovido la idea de un diálogo directo entre Maduro y Donald Trump. Para buena parte de la oposición dura, esa visión desactiva la presión internacional y tiende puentes con un régimen que no ha mostrado voluntad real de cambio.
Participación electoral y expulsión política
Tras su habilitación en abril de 2025, Capriles compitió por Un Nuevo Tiempo en las elecciones legislativas de mayo, obteniendo un escaño a pesar del boicot de la Plataforma Unitaria. Su participación fue entendida como una estrategia para dividir el voto opositor y legitimar un proceso electoral sin transparencia. Primero Justicia lo expulsó formalmente poco después, acusándolo de traicionar el principio básico de unidad frente al chavismo. Capriles, por su parte, sostiene que “la abstención solo fortalece al gobierno” y se presenta como el único que lucha “desde dentro del sistema”.
El discurso del “realismo político”
En sus declaraciones más recientes, Capriles se presenta como un político “realista” que prefiere luchar desde Venezuela antes que desde el exilio. Critica lo que llama “el radicalismo sin plan” de la oposición tradicional y promueve alianzas moderadas como Red Decide, una nueva plataforma destinada a reconstruir la vía electoral. Niega todo vínculo previo con el chavismo y asegura que su habilitación fue una sorpresa, aunque incluso entre sus antiguos aliados pocos creen en esa versión. Su figura ilustra el dilema moral de una oposición que, en nombre del pragmatismo, termina funcionando como sostén del régimen que pretende derrotar.



