Día de Acción de Gracias o Thanksgiving 2025: entre la gratitud, la historia y un pavo que nunca entiende por qué lo indultan
Un ritual que combina tradición, política y un peculiar acto de misericordia presidencial
Cada año, cuando noviembre avanza y el frío comienza a ganarle terreno al otoño, Estados Unidos entra en modo Thanksgiving. Es una fecha que parece suspendida entre el mito fundacional, la devoción familiar, el espectáculo político y la gastronomía elevada a símbolo nacional. Un día que, para bien o para mal, revela tanto sobre la historia de un país como sobre su presente.
En 2025, el Día de Acción de Gracias en Estados Unidos se celebrará el jueves 27 de noviembre, mientras que en Canadá ya quedó atrás: fue el 13 de octubre, fiel a su tradición de festejar temprano la llegada de la cosecha. Pero más allá de la fecha, lo que está en juego cada año es una mezcla peculiar de memoria, narrativa, consumo y, por supuesto, un pavo que protagoniza tanto la mesa como un curioso ritual político: el famoso indulto presidencial.
A continuación, exploramos las raíces históricas, el impacto cultural y las paradojas de esta festividad que reúne a millones alrededor de una mesa… y que deja a un pavo, al menos uno, con vida por decisión presidencial.
La historia detrás de la gratitud: Plymouth, 1621
El origen oficial del Thanksgiving se remonta a 1621, cuando los colonos ingleses asentados en Plymouth celebraron su primera cosecha exitosa tras un invierno devastador. De acuerdo con los registros históricos, dedicaron tres días a compartir alimentos como pavo, calabaza y frutas secas, acompañados de miembros de pueblos nativos que contribuyeron a enseñar técnicas de cultivo y supervivencia.
Es un episodio que Estados Unidos ha convertido en símbolo de unión, resiliencia y gratitud, aunque la historia real es más compleja que el relato idílico que se presenta en libros escolares y películas familiares.
Con el tiempo, la fecha fue ganando reconocimiento político. En 1789, George Washington proclamó el primer Día de Acción de Gracias nacional, aunque no existía una fecha única. Recién en 1863, en plena Guerra Civil, Abraham Lincoln declaró que el último jueves de noviembre sería la fecha oficial para reunir al país bajo un mensaje de unidad y esperanza.
Esa decisión marcó para siempre la tradición. Y también, aunque pocos lo imaginaban entonces, abrió la puerta a uno de los rituales más peculiares de la política estadounidense: el indulto del pavo.
El indulto presidencial: una historia que empezó como gesto familiar y terminó como performance nacional
El origen del perdón al pavo mezcla anécdota doméstica, mito político y estrategia comunicacional.
La versión más extendida asegura que durante el mandato de Abraham Lincoln, su hijo Tad se encariñó con uno de los pavos destinados a la cena familiar. El niño pidió a su padre que no sacrificaran al animal. Lincoln aceptó y aquel pavo vivió. Fue un gesto privado, casi íntimo, que con los años se transformaría en tradición.
No está claro si ese acto se repitió durante décadas. Lo que sí está documentado es que en 1963, el presidente John F. Kennedy pidió dejar con vida a un pavo enviado a la Casa Blanca. Su frase, según reportes periodísticos, fue sencilla y directa: “Let’s just keep him going.”
Pero la ceremonia como la conocemos hoy se consolidó recién en 1989, con George H. W. Bush, quien decidió indultar formalmente a un pavo y enviarlo a vivir a una granja en Virginia. A partir de entonces, todos los presidentes han repetido el ritual, entre flashes, periodistas y discursos preparados para la ocasión.
En noviembre de 2024, por ejemplo, Joe Biden perdonó a dos ejemplares llamados Peach y Blossom, enviados a un centro de aprendizaje agrícola en Minnesota, donde se transformaron en una suerte de “embajadores avícolas”.
La ceremonia funciona como un respiro humorístico en medio de tensiones políticas, pero también como recordatorio de los contrastes estadounidenses: indultar un único pavo mientras más de 45 millones terminan en la mesa de ese día.
La paradoja del perdón: pavos indultados que igual viven poco
Aunque la ceremonia se presenta como un gesto de compasión, la realidad es menos romántica. Según Dean Norton, director de Mount Vernon a cargo del ganado, incluso los pavos indultados viven poco tiempo.
“Los pavos están criados para la mesa”, explicó. Son animales alimentados y seleccionados para engordar rápidamente, no para vivir una vida larga como los pavos salvajes. Su esperanza de vida rara vez supera las 18 semanas.
Es una verdad incómoda: la nación celebra la misericordia con un animal cuya biología ya fue moldeada para otro destino.
El pavo como símbolo nacional y culinario
La pregunta inevitable es: ¿por qué precisamente el pavo?
Los historiadores coinciden en que, aunque no existen registros definitivos, el pavo era abundante, accesible y suficientemente grande para alimentar a familias numerosas. A diferencia del ganado, no representaba un sacrificio económico significativo. Con el tiempo, su presencia en la mesa se convirtió en tradición cultural y luego en identidad nacional.
Hoy, la cena incluye elementos ya clásicos:
- Pavo al horno
- Puré de papa
- Salsa de arándano
- Pastel de calabaza
Cada plato arrastra historias de inmigración, agricultura y adaptación. De algún modo, Thanksgiving es un menú que resume la historia de Estados Unidos.
Thanksgiving contemporáneo: unión, reflexión y un espejo cultural
Más allá de los rituales históricos, el Día de Acción de Gracias se ha consolidado como una jornada de reunión familiar. Es uno de los pocos días del año en los que el país entero parece sincronizarse para detenerse, cocinar, convivir y agradecer.
Para comunidades migrantes, especialmente en Latinoamérica, la fecha ha ido adquiriendo espacios propios. Algunos lo adoptan, otros lo adaptan. Para muchos latinos en Estados Unidos, la mesa combina pavo con hallacas, tamales, pastel de choclo o arroz con gandules. Una metáfora perfecta de identidad híbrida.
Pero Thanksgiving también abre ventanas de crítica y diálogo. La relación con los pueblos nativos, la tensión histórica detrás del relato fundacional y el consumo masivo que rodea la fecha generan debates anuales sobre qué significa realmente “agradecer” en un país donde no todos gozan de las mismas oportunidades.
Reflexión final: lo que revela un pavo indultado sobre un país entero
Thanksgiving es, al mismo tiempo, una tradición entrañable y un espejo incómodo. Es unión familiar, pero también memoria histórica. Es gratitud, pero también espectáculo político. Es un pavo en la mesa, pero también un pavo que el presidente indulta frente a cámaras.
La fecha nos recuerda algo simple pero profundo: las tradiciones no existen en abstracto; son relatos vivos que revelan quiénes somos y qué elegimos recordar. En un país donde la narrativa es tan poderosa como la historia misma, Thanksgiving funciona como un terreno compartido donde familia, mito y política se encuentran, se entrelazan y se contradicen.
Y quizás por eso, cada año, mientras millones cenan y un pavo camina libre en alguna granja universitaria, la pregunta vuelve a surgir: ¿qué estamos celebrando realmente?
Ahí, entre la mesa, la memoria y el ritual presidencial, se encuentra la respuesta imperfecta de un país que intenta agradecer, reconciliarse y contarse a sí mismo una historia de esperanza.



