Por qué Rocky nunca fue una película de boxeo: lo que entendí al verla con 40 años
Después de casi 30 años me puse a ver las películas de Rocky. Algo instintivo en mí me dijo: entre la enorme selección de películas que hay en las plataformas de streaming, vela. Es un clásico. Pensé que sería una película de pura acción, golpes y peleas. Qué equivocado estaba.
No porque las peleas no fueran épicas, sino porque me encontré con situaciones humanas tan simples y tan complejas al mismo tiempo que terminaron emocionándome y dándome otra perspectiva.
Pero antes de seguir quiero citar a un entrevistado de Jordi Wild cuyo nombre no recuerdo. Estaban hablando de libros y decía algo que se me quedó grabado: no es lo mismo leer un libro a los 18 que a los 40. Y claro, no es lo mismo leer Así habló Zaratustra con veinte años que después de décadas de experiencias, errores, derrotas y pequeñas victorias.
Pero me estoy yendo por otros caminos.
Volvamos a Rocky y al recorrido de esta obra maestra.
Todo empieza con la primera película, que creo que es la más humana de toda la saga. Vemos la decadencia de las calles, su oscuridad, la pobreza, la migración. Vemos cómo Rocky, una masa de puro músculo, es en realidad una persona profundamente sola, con pocas esperanzas y oportunidades. Trabaja como cobrador porque utiliza lo único que tiene a su disposición: su físico.
La verdad es que, si le prestas atención, la película es bastante deprimente. Refleja el rostro de muchas personas que sienten que la vida simplemente les pasó por encima.
Pero hay una luz en toda esa oscuridad: Adrian.
Una mujer tímida, insegura y maltratada psicológicamente por su hermano Paulie, un hombre que también odia su vida, su trabajo y probablemente a sí mismo.
La incomodidad humana está presente en cada relación, en cada diálogo y hasta en los momentos románticos. Nada parece perfecto. Nada parece sacado de Hollywood. Todo se siente extraño, incómodo y real.
Y quizás esa es la razón por la que funciona tan bien.
A veces lo único que necesitamos es amor.
Quizás parte de esa humanidad también viene de cómo nació la película. Sylvester Stallone escribió gran parte del guion y, aunque el borrador original sufrió muchas modificaciones, logró mantener la esencia de la historia que quería contar.
Incluso Butkus, el perro que aparece en la película, era su perro en la vida real. Un detalle pequeño, pero que aporta todavía más autenticidad a una obra que nunca intenta sentirse artificial.
También resulta increíble pensar que una película tan importante fue filmada con un presupuesto muy limitado. Muchas escenas tuvieron que adaptarse por falta de dinero, pero esa escasez terminó convirtiéndose en una virtud. La película tiene una crudeza que probablemente se habría perdido con una producción más grande.
Y lo más increíble es que terminó ganando tres premios Oscar, incluido el de Mejor Película. Lo que parecía una simple historia de boxeo terminó convirtiéndose en uno de los grandes clásicos del cine.
También tenemos a Apollo Creed, que más que un boxeador parece un genio del marketing. Un hombre que entiende perfectamente cómo mover masas y convertir cualquier evento en espectáculo.
Y por supuesto está Mickey.
La escena donde intenta acercarse a Rocky para entrenarlo me parece una de las más viscerales de toda la película. Porque habla de algo que muchos conocen demasiado bien: la sensación de haber estado solo durante tanto tiempo que cuando alguien finalmente te ofrece ayuda ya no sabes si aceptarla o rechazarla.
Vivimos en una sociedad cada vez más solitaria.
Y no, no vengo a hacer una reseña ni una sinopsis de la película.
Solo vengo a contarles lo que vi y, de paso, obligarlos a que vayan a ver estas películas.
Después llegamos a Rocky II.
Aquí vemos la transición de ser un nadie a tener dinero, pero seguir sintiéndose un nadie. Rocky sigue siendo prácticamente analfabeto, tiene una autoestima bajísima y no sabe cómo encajar en la nueva vida que acaba de conseguir.
Vemos el derroche, el sueño americano y también el costo que tiene alcanzarlo.
Rocky no encuentra su lugar. No puede conseguir un trabajo estable. No puede adaptarse a la velocidad que le exige esta nueva etapa.
Cualquier parecido con la realidad no es coincidencia.
La tensión de la película no está en el ring, sino en su conflicto interno. Hacer lo único que sabe hacer y ama hacer, o abandonarlo todo por la mujer que lo sacó del momento más oscuro de su vida.
Y ahí vuelve a aparecer la luz.
La película termina convirtiéndose en una historia épica de superación, pero antes lo obliga a atravesar nuevamente problemas económicos, el miedo de no poder mantener a su familia, una esposa en coma y la angustia de sentir que su única gran victoria podría no haber sido suficiente.
Porque la vida funciona así.
No se trata solamente de llegar a la meta.
Se trata de mantenerse corriendo.
Algo que Rocky consigue durante un tiempo en la tercera entrega.
Ahora tiene éxito. Tiene dinero. Tiene una familia. Tiene reconocimiento. Ya no es aquel hombre perdido de los callejones de Filadelfia.
La vida finalmente parece sonreírle.
Bueno, no tanto como a Paulie, que sigue siendo un ebrio insoportable, pero así es la vida.
Y es precisamente ahí cuando vuelve el verdadero enemigo.
No un boxeador.
La duda.
La frustración.
El miedo.
Todo se derrumba cuando Mickey le revela que durante años lo estuvo protegiendo. Que gran parte de sus peleas habían sido cuidadosamente seleccionadas para evitar que enfrentara ciertos riesgos.
Y entonces Rocky vuelve a cuestionarlo todo.
Sus logros.
Su talento.
Su valor.
Aparece el síndrome del impostor.
Después llega la muerte de Mickey y con ella la estocada definitiva. Rocky pierde la motivación, pierde la confianza y pierde el rumbo.
Pero no todo es oscuridad.
Apollo aparece nuevamente, esta vez no como rival, sino como amigo.
Y ahí emerge uno de los mensajes más poderosos de toda la saga: la importancia de la amistad, de la familia y de las personas que te sostienen cuando ya no eres capaz de sostenerte a ti mismo.
Por ahora los dejo con estas tres primeras entregas para no extenderme demasiado.
Pronto hablaré de las siguientes películas, porque si algo descubrí viendo Rocky después de tantos años es que nunca fue una historia sobre boxeo.
Siempre fue una historia sobre personas.



