Audios filtrados: ¿Milei financió una red de desinformación antizquierda?
Milei lleva meses
Diciéndole al mundo que es víctima de una red de desinformación. Lo repite en X, lo denuncia en conferencias, lo usa para cerrarle la puerta a los periodistas en la Casa Rosada. Y entonces aparecen unos audios que alegan exactamente lo contrario: que él mismo financió una operación de desinformación coordinada contra gobiernos que no le gustan. El presidente anti-mentira, presuntamente comprando mentiras al por mayor. Si fuera ficción, sería demasiado obvia.
Publicaron grabaciones de audio
A finales de abril de 2026, Canal Red —medio español— y el portal Hondurasgate publicaron grabaciones de audio fechadas entre enero y febrero de 2026. En ellas, una voz atribuida al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández —el mismo que fue condenado a 45 años por narcotráfico y que Trump indultó en diciembre de 2025— describe una llamada con Milei como «muy, muy, muy buena.» Hernández, recién libre y aparentemente con energía, propone crear una «célula informativa» con base en Estados Unidos, diseñada para atacar a los gobiernos de Sheinbaum en México, Petro en Colombia, y la familia Zelaya en Honduras.
El monto que aparece en los audios: 350.000 dólares de parte de Milei. Unos 6,1 millones de pesos argentinos al cambio. Honduras aportaría otros 150.000 para completar la operación. La base estaría en suelo estadounidense para evitar rastreo local —detalle que dice bastante sobre el nivel de consciencia de lo que se estaba armando. En otra nota de voz del 18 de marzo, Hernández habría transmitido supuestas instrucciones de Trump con un mensaje que no deja mucho a la interpretación: «Si quieres mantener a la gente controlada, necesitas oprimirla.»
Hasta ahora, ni Argentina ni Honduras han respondido públicamente sobre estas acusaciones específicas.
Hay que decirlo claro
Estas grabaciones no tienen autenticidad verificada de forma independiente. No las auditó el New York Times ni Reuters. Vienen de un portal de investigación centroamericano y un medio español con posición editorial definida. Eso importa. No porque invalide el escándalo, sino porque la prudencia epistémica es parte del análisis.
Dicho eso, el contexto lo hace difícil de ignorar. Milei, el mismo que acusó a Rusia de gastar 283.000 dólares en una campaña para desacreditarlo, estaría presuntamente gastando más del doble en una operación similar contra sus adversarios ideológicos. La simetría es incómoda. Es el clásico movimiento de llamar «fake news» a lo que te daña y financiar fake news contra lo que te molesta —sin que nadie en tu base de seguidores note la contradicción, porque para eso están los algoritmos.
Y luego está la figura de Hernández. Un hombre condenado por meter cientos de toneladas de cocaína a Estados Unidos, indultado por Trump con el argumento de que «fue tratado con dureza e injusticia», que ahora supuestamente opera como nodo de coordinación política regional con respaldo de Buenos Aires y guiños republicanos. Esa es la red. No la de la izquierda.
Lo que revelan estos audios
Lo que revelan estos audios —si son auténticos— no es solo una operación de propaganda. Es el mapa de cómo funciona la política de derecha dura en América Latina en este momento: coordinación transnacional, financiamiento cruzado, operaciones desde territorio norteamericano, y la figura de Trump como legitimador de todo el esquema.
El patrón no es nuevo. Lo nuevo es la escala y la desfachatez. Milei se construyó como el político que rompe con la casta, que dice lo que nadie dice, que no tiene filtro. Pero lo que emerge aquí es una operación de cuarto oscuro clásica —exactamente el tipo de cosa que él prometió destruir. Gana el que logre que su base nunca conecte esos puntos. Pierde la ciudadanía que vive creyendo que «su lado» es el que no miente.
La pregunta real no es si Milei lo hizo. Es qué tan normal se ha vuelto que esto ni siquiera sorprenda.
El presidente que prohíbe periodistas
El presidente que prohíbe periodistas en su casa de gobierno, denuncia desinformación rusa en su contra, y presuntamente paga medio millón de dólares para fabricar la propia. No hay forma elegante de decirlo. Esto no es política. Es el negocio de siempre con otra camiseta. Y la camiseta dice «libertad.»



