Rusia censura Mr. Nobody Against Putin: le temen a la verdad

¿Mostrar una escuela es ahora un acto extremista en Rusia?

Un tribunal en Cheliábinsk prohíbe un documental. La razón oficial: promover una «actitud negativa hacia la operación militar especial». Traducción: alguien filmó lo que pasaba en una escuela rusa y eso, aparentemente, es más peligroso que mandar adolescentes al frente.

Mr. Nobody Against Putin ganó el Óscar. Once días después, Rusia lo prohibió. Y al día siguiente, declaró a su codirector «agente extranjero» — una etiqueta que en Rusia no es un insulto, es una sentencia social y legal. Todo eso en 48 horas. No porque la película mintiera. Sino exactamente porque no lo hizo.

Dos años filmando en secreto. Luego huyó con los discos duros.

Pável Talankin era profesor y camarógrafo en Karabash, una ciudad minera en los Urales. Durante dos años filmó en secreto cómo su escuela cambiaba: clases con propaganda proguerra, organizaciones juveniles militarizadas, graduados reclutados para Ucrania. En 2024 huyó con los discos duros. La película se estrenó en Sundance 2025, ganó un Premio Especial del Jurado, luego el BAFTA, luego el Óscar.

El Tribunal Central de Cheliábinsk ordenó retirarla de VK Video, Yandex.kz y Motion Video «en interés de un número indefinido de personas». Los fiscales argumentaron que muestra la bandera blanca-azul-blanca —símbolo antiguerra— y a la Legión Libertad de Rusia, declarada organización terrorista por el Supremo ruso. También alegaron que Talankin filmó a menores sin consentimiento parental, argumento que el Consejo Presidencial ruso usó para pedir investigaciones a la Academia y la UNESCO.

Dmitry Peskov, portavoz del Kremlin, dijo que no había visto la película. Nadie le preguntó si pensaba verla.

¿Quién es el terrorista: el que filma o el que recluta niños?

Hay que hablar del argumento del consentimiento. Sí, filmó menores sin permiso. Y sí, eso tiene peso ético. Pero usemos el mismo estándar: ¿el Estado ruso pidió consentimiento a esos mismos menores —o a sus padres— antes de convertir su escuela en un campo de adoctrinamiento militar? La pregunta se responde sola.

Lo de la Legión Libertad de Rusia como «terrorismo» es otro nivel de contorsionismo. Son ciudadanos rusos que decidieron no matar por una guerra que no eligieron y que en cambio pelearon del otro lado. Rusia los llama terroristas. La misma Rusia que envía conscriptos forzados al frente los llama terroristas. El patrón es claro: terrorista es el que desobedece, no el que mata.

Y el doble discurso no para ahí. Este es el tercer Óscar en cuatro años que va a una película crítica con Moscú — después de Navalny (2023) y 20 Days in Mariupol (2024). Tres años, tres prohibiciones, tres directores en la mira. A estas alturas no es coincidencia, es política cultural de Estado. Lo interesante es que la prohibición hace exactamente lo contrario de lo que busca: las copias piratas circulan masivamente dentro de Rusia, y cada titular sobre la censura le da a la película diez veces más audiencia global de la que habría tenido sola.

Lo que revela la censura: sistemas que dependen del silencio

Lo que revela todo esto no es solo la brutalidad de un régimen — eso ya lo sabíamos. Lo que revela es la fragilidad de los sistemas que dependen del silencio para funcionar. Cuando una cámara en una escuela de una ciudad minera en los Urales puede desestabilizar la narrativa oficial de un país con arsenal nuclear, algo está fundamentalmente roto en esa narrativa.

La asimetría importa. No es lo mismo opinar sobre la guerra desde la comodidad que desde la posición de quien puede ser el próximo enlistado. Los jóvenes rusos que aparecen en ese documental —y los que huyeron para no aparecer en otros— no eligieron ese dilema. Les fue impuesto. Y Talankin, que tampoco eligió vivir en Karabash en 2022, decidió al menos que si eso iba a pasar, alguien lo iba a ver.

El activismo informativo no es heroico porque sea fácil. Es heroico exactamente porque no lo es. Y funciona no porque cambie gobiernos de la noche a la mañana, sino porque hace imposible el argumento de «nadie sabía». Ya todos saben.

Prohibieron la película. El internet no

Rusia prohibió un documental que ya ganó el Óscar, el BAFTA y Sundance. Declaró terroristas a los rusos que no quisieron matar. Llamó agente extranjero al tipo que filmó su propia escuela. Y su portavoz dijo que no había visto la película.

Mientras tanto, las copias piratas circulan dentro de Rusia en el mismo internet que el gobierno controla.

Tapar el sol con un dedo cansa. Y deja las manos muy ocupadas.

César Gudiol · Los Bonobos