Therians: jóvenes que se identifican como animales y el debate que incomoda a la era digital
De los foros de los 90 a las plazas de Latinoamérica: identidad, redes sociales y el límite de la realidad
En parques de Buenos Aires, en calles del Centro de Lima, en plazas de Puebla y otras ciudades latinoamericanas, jóvenes con máscaras de lobo, gato o zorro corren en cuatro patas, aúllan y se agrupan en “manadas”. No es una performance artística ni un evento oficial. Es el fenómeno Therian, una tendencia que explotó en redes sociales —especialmente en TikTok— y que hoy ya no vive solo en internet.
Los videos superan el millón de reproducciones. Algunos usuarios reaccionan con curiosidad, otros con burla, otros con preocupación. La pregunta se repite: ¿qué está pasando con esta generación?
Pero antes de emitir juicios rápidos, conviene entender de qué hablamos.
¿Qué significa ser Therian?
El término proviene de therianthropy, una palabra de raíz griega que une “bestia” y “ser humano”. En su versión moderna, surgió en comunidades digitales de los años 90, vinculadas al concepto otherkin, donde usuarios afirmaban identificarse con seres no humanos.
Con el tiempo, esa noción derivó en un grupo más específico: personas que aseguran sentir una conexión identitaria profunda —psicológica o espiritual— con un animal real, al que llaman su “teriotipo”.
Lobos, perros, gatos, zorros y aves son los más comunes. Quienes se reconocen como therians aclaran que no niegan su condición humana ni se trata de un juego ocasional. Para ellos, es una dimensión de su identidad.
En redes sociales se habla también de los llamados “shifts”, momentos en que describen sentir con mayor intensidad rasgos asociados a su teriotipo. Algunos incluso relatan sensaciones corporales como si tuvieran cola u orejas.
Entre las prácticas más visibles está el “quadrobics”, que consiste en desplazarse en cuatro extremidades imitando movimientos animales.
No son “furries”: la diferencia clave
Una de las confusiones más frecuentes es equiparar a los therians con la comunidad furry. Pero no es lo mismo.
El fandom furry gira en torno a personajes animales antropomórficos —como los que aparecen en películas, cómics o videojuegos— y suele expresarse mediante disfraces completos y eventos recreativos.
En cambio, los therians plantean una identificación interna. Como explicó la periodista Paula Guardia Bourdin:
“Es un concepto distinto al de los furros o furries, que lo hacen a modo de cosplay y es como una cuestión más de fandom. Esto es una cuestión más de autodefinirse animal”.
Esa diferencia —estética versus identitaria— es central para comprender por qué el fenómeno genera tanto debate.
¿Es una enfermedad? Lo que dicen los especialistas
La pregunta inevitable es si estamos frente a un trastorno psicológico. Y aquí la respuesta es más matizada de lo que muchos esperan.
Especialistas coinciden en que no es una patología en sí misma. Suele aparecer en adolescentes en proceso de construcción identitaria, búsqueda de pertenencia y expresión simbólica, amplificada por redes sociales.
Sin embargo, también establecen un límite claro: “hay que preocuparse cuando hay pérdida del juicio de realidad”.
Si el comportamiento genera aislamiento extremo, abandono escolar o universitario, autolesiones o desconexión sostenida de la realidad, entonces sí requiere intervención profesional.
El foco no está en la máscara ni en correr en cuatro patas. El foco está en la pérdida de contacto con la realidad o el sufrimiento emocional asociado.
¿Tribu urbana o síntoma cultural?
Muchos especialistas describen a los therians como una nueva tribu urbana. Cada generación encuentra formas simbólicas de diferenciarse y pertenecer.
La diferencia hoy es la velocidad de amplificación digital. Lo que antes quedaba en un grupo reducido ahora se viraliza con millones de vistas.
En una época marcada por ansiedad, hiperconectividad y presión social constante, la búsqueda de identidad se vuelve más intensa y pública. Las redes no solo exhiben el fenómeno: lo moldean.
El riesgo del escarnio digital
Una reacción frecuente ha sido la burla. Videos ridiculizando a jóvenes therians acumulan miles de comentarios ofensivos.
La adolescencia siempre ha sido un territorio de exploración identitaria. Lo nuevo es que ahora esa exploración es filmada, editada y juzgada en tiempo real por millones de personas.
Entre el meme y el pánico moral hay un espacio más sensato: información, contexto y acompañamiento.
Más allá de la máscara
El fenómeno Therian no es el fin del mundo ni el síntoma definitivo de decadencia cultural que algunos quieren ver. Es, ante todo, una expresión identitaria amplificada por la era digital.
Tal vez el verdadero desafío no está en los aullidos en una plaza, sino en la dificultad de escuchar lo que esos aullidos representan: pertenencia, búsqueda, necesidad de ser vistos.
Y como suele ocurrir, la reacción adulta dirá más de nosotros que de ellos.



