EE. UU. y China inician negociaciones en Malasia antes del cara a cara de Donald Trump y Xi Jinping
1. Contexto y desencadenantes
Este sábado 25 de octubre de 2025, en la capital malasia, las delegaciones de Estados Unidos y China se encontraron para dar inicio a una nueva ronda de negociaciones comerciales.
El escenario: un momento de creciente tensión, con aranceles amenazantes, restricciones sobre materias primas clave (como las “tierras raras”) y una reunión presidencial programada para pocos días después.
El país anfitrión es Kuala Lumpur, Malasia, aprovechando que alberga la cumbre de la Association of Southeast Asian Nations (ASEAN) justo antes del foro APEC en Corea del Sur. China anunció que el vice primer ministro He Lifeng lideraría la delegación hasta lunes.
Por parte de EE. UU., el secretario del Tesoro, Scott Bessent, encabezó el equipo.
Los temas sobre la mesa muestran que esto no es sólo una cuestión de cifras comerciales: China restringe exportaciones de tierras raras —materia prima estratégica para tecnología y defensa— y EE. UU. amenaza con aranceles de hasta 100 % sobre productos chinos como represalia.
En ese contexto, las negociaciones de Malasia buscan ser la antesala de la reunión Trump-Xi, con la urgencia de estabilizar la relación antes de una posible escalada.
2. Desarrollo de las conversaciones
El primer día de reuniones concluyó con una valoración positiva por parte del equipo estadounidense. Un portavoz del Tesoro dijo que fueron “muy constructivas”.
Este tipo de calificativo tiene peso cuando estamos hablando de Estados que llevan semanas intercambiando amenazas y sanciones.
La agencia estatal china Xinhua News Agency detalló que “las delegaciones china y estadounidense se reunieron el sábado por la mañana para debatir cuestiones económicas y comerciales”.
El lugar elegido: la torre “Merdeka 118” en Kuala Lumpur, que figura entre los edificios más altos del mundo, como símbolo incluso del “alto nivel” del encuentro.
Sin embargo, aunque el tono fue moderadamente optimista, los desafíos reales siguen siendo intensos. Los dos países se encuentran en medio de un pulso geoeconómico: China busca proteger industrias clave, EE. UU. presiona por el acceso tecnológico y la reducción de déficit comercial. El resultado de estas conversaciones podría marcar no sólo las tarifas, sino el diseño de la cadena global de valor.
Además, el horario es apretado: tras Malasia, Trump y Xi se verán alrededor del 31 de octubre en la cumbre APEC, lo que convierte esta etapa previa en una especie de test de confianza.
3. Puntos clave en disputa
a) Tierras raras y control tecnológico
China ha impuesto restricciones más severas en la exportación de tierras raras, un insumo crítico para la tecnología, la defensa y la electromovilidad. Esa acción detonó la respuesta estadounidense de posibles aranceles al 100 % sobre productos chinos.
Ese tipo de medidas cruzadas representa un cambio de nivel: no se trata sólo de maquinaría y autos, sino de control sobre materiales estratégicos y acceso tecnológico.
b) Tarifas y represalias
Al mismo tiempo, EE. UU. ha ampliado la lista de empresas chinas vetadas para comprar tecnología estadounidense. Ese gesto llevó a China a responder con sus propias medidas. Las negociaciones en Malasia buscan evitar que el conflicto se convierta en una guerra abierta de sanciones.
c) Factores geoestratégicos y diplomáticos
Estas negociaciones no se producen en el vacío. Tienen lugar en el marco del foro ASEAN, del APEC y de un mundo cada vez más multipolar, donde Asia-Pacífico se resiste a ser simplemente terreno de juego de dos grandes poderes. Malasia, como país anfitrión, observa y negocia también su espacio.
d) Tiempo limitado, margen estrecho
Una vez terminada la ronda en Kuala Lumpur, sólo restan días para el encuentro Trump-Xi. La tensión del “salvemos el acuerdo antes de que se rompa” está presente. Como señalan los analistas: “el resultado de esta ronda tiene una gran significación global”.
Si no se llega a avances, la reunión de los presidentes corre riesgo de volverse de espectáculo político sin sustancia, o peor aún, de cancelarse.
4. Por qué a nosotros nos importa
Desde Chile hasta Argentina, pasando por México y Venezuela, la contienda entre EE. UU. y China afecta cadenas globales, precios de materias primas, exportaciones e importaciones, y también la estrategia de empresas que dependan o no de esas grandes economías.
Para la audiencia de Medios Latinoamérica – como nuestros lectores de 25 a 55 años – esto significa que:
- Las tarifas que se definan podrían encarecer productos de consumo, tecnología, automóviles o partes electrónicas importadas.
- Las decisiones sobre tierras raras o minerales estratégicos podrían impactar la adopción de tecnologías verdes, baterías, autos eléctricos, etc.
- Las alianzas o tensiones entre EE. UU. y China definen también la estrategia de terceros países: modos de diversificar mercados, de no depender sólo de uno u otro gigante.
En otras palabras: aunque la sede del encuentro sea Malasia y los negociadores parezcan lejanos, el impacto llega hasta nuestra sala de estar, nuestro negocio y nuestra estrategia de futuro.
5. ¿Qué viene y qué deberíamos observar?
El primer foco es el encuentro entre Trump y Xi: ¿saldrá un acuerdo concreto? ¿Será algo simbólico o con cláusulas vinculantes?
El segundo foco: ¿qué sucede si no hay acuerdo? La amenaza de aranceles del 100 % no es un globo de ensayo, tiene respaldo en declaraciones y medidas recientes.
Tercero: ¿cómo reaccionará el resto del mundo? ¿Se alinea con EE. UU., con China o busca caminos propios? La ASEAN ya muestra indicios de buscar autonomía.
Y finalmente: ¿cómo las empresas latinoamericanas —o latinoamericanistas— ajustarán su estrategia ante ese escenario global? Es un momento de planificar, no solo de reaccionar.
6. Reflexión final
La reunión en Kuala Lumpur entre EE. UU. y China tiene algo de “consejo de guerra” diplomático: dos gigantes que intentan controlar el conflicto antes de que se les vaya de la mano. La palabra “muy constructivo” suena bien, pero el estribillo ya lo hemos oído antes en otras lides comerciales y los hechos no siempre han acompañado.
La ironía, en este caso, está en que la “normalidad” comercial —la que permitía mover bienes, materiales y tecnología sin grandes sobresaltos – hoy misma se ha convertido en variable de riesgo. Y los países latinoamericanos, los empresarios, los consumidores, no podemos quedarnos espectadores. Necesitamos ver este pulso como trama de nuestra era: tecnología, poder, economía global, y cómo afecta en lo cotidiano.
En el fondo, el mensaje de esta negociación es doble: sí, se puede pactar, pero también sí, peligra que no se pacte. Para nuestra región, esa dualidad debe interpretarse como urgencia de diversificar, de construir nuevas alianzas, de estar alertas al “ajuste de cuentas” global que muchos no verán venir.
Posiblemente, La próxima vez que revises el precio de un teléfono, o que veas que una batería cuesta más, o que un componente escasea – puede que la razón esté en un rascacielos de Kuala Lumpur donde dos delegaciones negociaron, quizás demasiado tarde, o quizás justo a tiempo.



