Nicaragua, el “muro de contención” que se derrumba
La reciente designación de Nicaragua como país clave en el tránsito de drogas hacia Estados Unidos dinamita uno de los principales argumentos del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo: el llamado “muro de contención” contra el narcotráfico.
El Departamento de Estado de EE.UU. explicó que la inclusión no mide cooperación, sino factores geográficos y rutas de tráfico. Sin embargo, la decisión deja en evidencia la creciente desconfianza hacia el régimen sandinista, al que en junio Washington ya había sancionado con la salida de la DEA del país por “falta de cooperación” y denuncias de corrupción y violaciones de derechos humanos.
Pese a esto, el jefe del Ejército, el general sancionado Julio César Áviles, insiste en que Nicaragua es “la nación más segura de la región”, asegurando que cada año incautan toneladas de droga, capturan narcotraficantes y retienen a migrantes ilegales. El problema es que esas cifras no cuentan con verificación independiente, lo que alimenta la duda sobre la efectividad del famoso “muro de contención”.
El discurso repetido de los regímenes autoritarios
Aquí aparece un patrón ya conocido en América Latina: el discurso de los regímenes autoritarios. Se proclaman los mejores del mundo, aseguran ser los más cooperadores y se victimizan frente al “imperio”. Sin embargo, a la hora de la verdad, los resultados son cuestionables y el aislamiento internacional es cada vez mayor.
El caso de Nicaragua se parece demasiado al de Venezuela. Una pareja presidencial que ha convertido el poder en un proyecto personal, hundiendo al país en la miseria, mientras refuerza alianzas con gobiernos afines para sostenerse. El supuesto muro de contención no parece estar contra la droga, sino contra la verdad.
Cada vez más expuestos
La comunidad internacional ya no compra el relato. Con sanciones, denuncias y la creciente presión diplomática, estos regímenes están cada vez más aislados y más expuestos. La narrativa oficial puede seguir sonando fuerte en sus actos militares o discursos televisados, pero las designaciones de Estados Unidos y la comparación con vecinos como Costa Rica —que sí muestran cooperación real— exponen la fragilidad del modelo sandinista.
En definitiva, el muro de contención se derrumba y deja al descubierto que la estrategia de Ortega y Murillo no es proteger a Nicaragua del narcotráfico, sino proteger su propio poder.



